La tregua anunciada entre Estados Unidos e Irán de cara a la reapertura del estrecho de Ormuz tiene implicaciones directas para el mercado global de petróleo y efectos que se trasladarán gradualmente a México, donde se han registrado presiones en combustibles, estímulos fiscales y ajustes de precios en el diésel.
El acuerdo establece un periodo de 60 días para alcanzar un pacto definitivo bajo condiciones que incluyen la reapertura del paso marítimo, la renuncia de Irán a desarrollar armas nucleares y la ausencia de sanciones al petróleo iraní.
El conflicto provocó el cierre del Estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que transita hasta el 20% del petróleo crudo y del gas natural licuado del mundo. Dicha interrupción detonó un repunte en los precios internacionales del petróleo, que llegaron a ubicarse hasta en 120 dólares por barril, provocando efectos inmediatos en los combustibles a nivel global.
En condiciones normales, el estrecho transporta entre 14,000 y 15,000 barriles diarios, lo que subraya su relevancia. Durante el bloqueo se llegaron a perder hasta 12 millones de barriles diarios de oferta proveniente del Golfo Pérsico, choque que el mercado absorbió mediante excedentes previos, destrucción de demanda y la liberación de inventarios de reserva.
No obstante, los analistas advierten que la normalización del mercado no será inmediata. Incluso con un cese de hostilidades definitivo, los flujos energéticos no regresarán de forma automática a los niveles previos. Los propietarios de buques, operadores y aseguradoras mantendrán cautela antes de comprometerse nuevamente con la ruta marítima, esperando tránsitos exitosos continuos.
A ello se suma el ajuste logístico de reubicación de toneladas métricas y tripulaciones, así como la posibilidad de que parte del comercio energético migrara permanentemente a rutas alternativas durante el conflicto.
En el segmento de petrolíferos, el restablecimiento del flujo de fletes podría traducirse en una normalización gradual del abasto energético hacia Europa, Asia y África en un horizonte de alrededor de seis semanas, dadas las distancias de tránsito de los buques.
En el caso de México, el impacto del conflicto se reflejó con cierto desfase, pero terminó trasladándose a los precios de los combustibles importados, que representan hasta 40% del consumo nacional. Para contener las presiones inflacionarias, el gobierno activó estímulos al IEPS, reduciendo la carga fiscal en estaciones de servicio.
Por otro lado, el repunte del crudo tuvo un efecto positivo en las finanzas de Pemex, cuya mezcla de exportación superó los 100 dólares por barril, generando mayores ingresos para la petrolera estatal y el gobierno federal, por encima del presupuesto. Sin embargo, este beneficio tiene un límite estructural, ya que el alza del crudo también incrementa los costos de importación de gasolina y diésel, lo que propiciará que la normalización de precios para los consumidores finales sea progresiva y no de manera inmediata.