Necesito encontrarla porque si no me voy a morir yo, menciona entre lágrimas Vanessa Gámez, madre de Ana Amelí, desaparecida hace un año. Desde las escalinatas del Ángel de la Independencia, Vanessa recuerda el último día con su hija, su gusto por el fútbol y los planes frustrados de ver el Mundial con la joven. El 9 de julio es el día más difícil para mí, porque hoy hace un año vi como mi hija subía al avión de regreso a la Ciudad de México, la dejé con la esperanza de que regresaba a estudiar; la dejé con esa sonrisa de lejos. Hoy es el día más triste, incluso más que el 12, porque fue el día que la vi por última vez. La estudiante había pasado cinco semanas de vacaciones con su madre en el sur de California: días de hacer senderismo, caminar por la playa y sentir las frías aguas del Pacífico, recuerda Vanessa. Tras su llegada a la Ciudad, Amelí subió al Pico del Águila en el Ajusco; guías de senderistas le prestaron un casco color blanco y al menos dos personas la vieron descender por el Espinazo del Diablo, una de ellas tomó las fotos de la joven. Mi hipótesis no ha cambiado, avisaron que iba sola, la vieron vulnerable, la marcaron con ese casco y le sacaron una foto, narra su madre. Hay dos personas clave en la desaparición. Un testigo que llamaron a declarar por tomar las fotos de la joven mientras bajaba del Ajusco y que admitió no saber qué se trataba de ella. Otro, dijo a personal del Albergue Alpino que habló con Amelí, le ofreció semillas y agua y pidió ayuda porque ya era oscuro y ella seguía descendiendo; dijo bajar con ella alumbrándose con una lámpara y que después la pierde de vista, pero a un año de la desaparición, no hay rastro de la identidad y ubicación de este informante. Lo raro es que da detalles e información que sólo Amelí conocía: donde vivía y de su familia, explica Vanessa. El aniversario de la desaparición coincidió con el Mundial de Fútbol, enmarcado por protestas de familias buscadoras que acusan haber sido agredidas y revictimizadas por las autoridades. En sus vacaciones estábamos planeando cómo ahorrar para ir a un partido del Mundial, recuerda. Cuando me llamaron esa noche del 12 de julio no recordaba qué tan inmenso era el Ajusco, fui entrando en razón conforme pasaban las horas y hablaba con la Comisión de Búsqueda; veía algunas publicaciones, pero no tenía idea de la magnitud de la crisis. Ese miércoles (16 de julio) que llegué a México, lo primero que se me ocurrió fue ir a tocar puertas a la mañanera para pedir más ayuda, no me abrieron, pero ya medio México sabía lo que pasaba. Gámez recuerda que pensaba que ya habían hecho búsqueda e investigación, pero afirma que la investigación comenzó tres meses después. Vanessa encabezado algunas de las protestas al Estadio Azteca. Este año me cayó el veinte de la responsabilidad que significa ser una madre buscadora, de hablar por todos, de buscarlos a todos. Me da terror no encontrar a mi hija y me duelen todas las madres que han partido sin encontrar a sus hijos. Sí son verdad las teorías que dicen que los criminales se alimentan del terror, lo están logrando. La guardia que la familia mantiene sobre Paseo de la Reforma durará hasta que acabe la justa deportiva. Yo me niego a buscar todavía con pico y pala los restos de Amelí, pero aún así salgo a jornadas con la esperanza de acabar con el dolor de alguien más. Cuando vamos a buscar y no encontramos nada te gana la desilusión y la frustración, el pesimismo se apodera de una, a veces en tu mente piensas.