El VAR, la herramienta tecnológica diseñada para acabar con los errores arbitrales, se ha convertido en el gran sospechoso del Mundial. Figuras como Lionel Messi, Kylian Mbappé y Erling Haaland vieron cómo sus hazañas quedaban eclipsadas por actuaciones arbitrales llenas de controversia.
Dos decisiones empañaron la victoria de Inglaterra sobre Noruega: la anulación de un gol noruego por falta previa y la validación de un tanto inglés pese a una aparente colisión del balón con un cable aéreo. La FIFA respaldó este último tanto utilizando el dispositivo snicko, que detecta contactos en el balón. En el partido Argentina-Suiza, el VAR revocó una decisión inicial para mostrar una segunda amarilla al delantero suizo Breel Embolo, alterando el desarrollo del encuentro.
La tecnología puede resolver cuestiones objetivas, como si el balón cruzó la línea de gol, pero muchas decisiones sobre faltas, penaltis y manos dependen de criterios subjetivos. Según Pierluigi Collina, responsable de árbitros de la FIFA, el VAR debe adaptarse al estilo arbitral del partido, lo que dificulta mantener la consistencia.
Un caso en la Serie A italiana ilustra otro problema: un jugador de la Juventus fue expulsado por una segunda amarilla tras un contacto mínimo exagerado por el rival, pero el VAR no podía intervenir en esas situaciones según las normas vigentes.
Incluso cuando funciona correctamente, la tecnología genera desconfianza. En el partido Catar-Suiza del Mundial, una decisión sobre penalti se tomó tras revisión del VAR, pero no se mostró la infografía correspondiente. La FIFA atribuyó esto a un problema técnico, pero los aficionados cuestionaron la falta de transparencia.
El sistema también ha enfrentado problemas fuera del campo: un árbitro del VAR fue sorprendido visitando páginas de apuestas durante un partido, otro fue suspendido por amaño de encuentros y se investigó a un responsable arbitral por influir indebidamente en revisiones.
A nivel institucional, la FIFA fue criticada por suspender la sanción a un jugador estadounidense sin explicación clara tras la intervención del presidente Donald Trump, lo que podría abrir la puerta a injerencias políticas en el fútbol.
La inversión de millones de dólares en el VAR ha elevado las expectativas, haciendo que cualquier error sea menos aceptable. La tecnología convierte el fútbol en un juego de milímetros que, aunque objetivo, amenaza con eliminar la emoción que atrae a los aficionados.
Mientras tanto, el VAR llegó para quedarse, nos guste o no.